Crónica: Cero ganas

Por Miguel de Heeckeren

Suena el despertador, 7:30 AM, una hora más de sueño con pandemia, pero tengo más sueño, ya estoy cansado, cero ganas de prender el computador. Reviso mi celular, le escribo un mensaje de buenos días a mi polola, la Mane, cero ganas de prender el computador. Vuelve a sonar, ya pasaron cinco minutos, corro a la ducha, reponedora casi motivante, me visto y vuelo a la cocina por un vaso de leche y un pan. Vuelve a sonar la alarma, cero ganas de prender el computador. Sé que el profe ya está en linea, esperando; me siento, ante mí la pantalla gris en silencio, respiro profundo y lo prendo. Cero ganas de prender el computador.

—Hola, profe, Miguel de Heeckeren presente.

45 minutos después, cero ganas de hacer la tarea.

Abro el Warzone, hay varios en línea, tengo 90 minutos antes de la próxima clase, minutos que debería destinar a hacer todos los trabajos que tengo atrasados, cero ganas.

Me mataron, tengo que esperar a que maten al resto. Perdimos, nos mataron. Al final este juego es bien parecido a la pandemia, luchamos contra un enemigo desconocido, tiene mejores armas, está en todas partes y en ninguna a la vez. La diferencia es que en el juego en dos minutos podemos empezar de nuevo. En la vida real, cero ganas.

Tengo 3 llamadas perdidas de la Mane, cero ganas de hablar.

Tengo que hacer la cama, ¡cero ganas!

—Hola miss, Miguel de Heeckeren presente.

45 minutos sobre un concurso literario, cero ganas.

Veo 18 recuadros de colores en la pantalla con una letra mayúscula al medio, es la inicial de sus nombres, pero yo extraño ver sus caras, incluso las de los lunes en la mañana. Hasta hace siete meses pensaba que eso era lo más desmotivante del mundo.  Nadie habla, ni la “I” que es la matea del curso, ni la “C” y la “T” que normalmente estarían en la última fila muertas de la risa toda la clase. Hay que escribir sobre un tema que te apasiona, ¿qué es eso? Faltan 15 minutos, ya hay gente esperando en el Warzone. Es opcional dice la miss, extraño ese concepto: “opcional”. Tengo que hacer el trabajo sí o sí, hay que subir el rojo en Lenguaje. Cero ganas.

Extraño el recreo, si estuviéramos en el colegio estaría contando los minutos para salir corriendo a meterme al partido, extraño bajar la escalera volando, extraño que me moleste la corbata y tener que saltar la reja para ir a buscar la pelota.

Suena la alarma, otra clase, cero ganas. Extraño llegar tarde a clases, transpirando.

—Hola, profe, perdón por llegar tarde.- Inventó una excusa, la verdad: cero ganas.

Extraño pasar todo un recreo hablando y cahuineando con la tía del quiosco estar indeciso por qué comprar, pedirle fiado algo y que me diga que no y yo recordarle que siempre le pago sin falta y que al final me lo fíe igual.

Me gritan que está servido el almuerzo, extraño la comida del casino del colegio y a las tías. Agarrar la bandeja y hacerla girar con el dedo, cual pelota de basquetball, extraño elegir el arroz con carne y la ensalada de zanahoria.

Hay salchichas con puré, ¡cero ganas!

Miro el celular, tengo ocho llamadas perdidas de la Mane, cero ganas. La llamo, me reta porque no la pesco, le pido que venga a mi casa, quiero conversar en persona, quiero verle la cara. No puede, tiene que hacer un trabajo de Lenguaje, un concurso literario, ¡todavía no hago la tarea!

—Hola, miss, acá Miguel de Heeckeren presente, perdón por llegar tarde.

Ocho pantallas con iniciales en mayúsculas al frente, más la miss…silencio el audio, filosofía, cero ganas. Veo que alguien escribe en el chat. La miss le responde, le explica algo de un trabajo, otro para sumarse a la lista de “sin entregar”, cero ganas.

Tengo que hacer la cama, cero ganas.

Me llega un Whatsapp para que me meta al Warzone, me están esperando, soy bien malo, ya me mataron otra vez, tengo que esperar al resto, por mientras veo mi serie, The Blacklist. Cada capítulo me deja más intrigado, ya los mataron a todos, volvemos a empezar.

Me llaman a comer, bajo a buscar mi plato mientras espero a los demás, ya me mataron otra vez. Pollo con puré y ensalada de tomate. Las papas las manda mi abuelo del campo, menú “Día de la marmota”. ¡Cero ganas!

Miro el celular, trece llamadas perdidas de la Mane, le mando unos emoji con besos y un buenas noches. Me meto a la cama deshecha. No bajé el plato, aún lleno, a la cocina, no hice el trabajo del concurso, no hice ninguna tarea de las atrasadas, no revisé el mail del colegio, creo que no me lavé los dientes. ¡Cero ganas!

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